Una joven llamada Arieta

Estas calles tan angostas no permiten el paso de más de una persona. No sé porque al abuelo le encanta caminar por aqui. La realidad es que las calles estan mas limpias que las de las plazas de los pueblos cafres. En esta vida siempre me he preguntado porque la gente estan descosiderada.

– ¡Hey! ¡Oye DETENTE!

Es que la gente no ve, esta tan ciega. Uno solo quiere ayudar y no hacen más que mirarte a la cara como un bicho raro, pues soy asi ¿qué acaso tengo monos en la cara? El destino y la fuerza positiva siempre te dan la razón, ahora ve, míralo allí y yo le paso nuevamente por el lado, para saber si ahora me hace caso. Desde que viene subiendo la calle estaba sonando y el aire se le estaba saliendo, en estas áreas los carros no van a mas de 20 millas por hora, pero este se quiere guillar de corredor de motoras. Es que si que es menso, porque tiene una motora se cree que pude casi chocar a la gente. Desde aqui lo vi, contra la pared de la iglesia se choco. ¡Pues claro! Claro que va a chocar si con la goma de atrás sonando ya le estaba avisando que estaba por explotar.

¡PLA PSSSSSsssssssss!

– Hey tú, ¿Estas bien?

– ¡Sea la madre! Esta goma es una mierda se la compre al dominicano de la esquina me dijo que duraría. ¡Qué jodienda me duele la rodilla esta porquería ya no sirve!

– ¡Hey, estoy aquí y también estaba ahorita allí!

– Mira yo estoy bien no sé quién eres, pero ahora entiendo me gritabas por la goma ¿verdad?

– ¡Bueno, pues sí! Pero ya tú ves, si que chocaste duro y eso que no ibas ni a 40 millas, porque es que me imagino que si hubieras podido, hubieras corrido más duro, y Dios sabe si aun estuviera sobre esta tierra. Mi nombre es Arieta. ¿Tú, cómo te llamas?

– Virgilio, de veras lamento haberte ignorado. La pierna me duele mucho.

– No te preocupes ¿ves ese don allí? Ese viejito es un presentao y ya tuvo que haber llamado a la ambulancia.

Tenía razón, el viejo que vivía frente de la plaza llamo al 911 para reportar el accidente. La ambulancia se tardo en subir al área 40 minutos.   Cuarenta minutos en los cuales yo me detuve por un momento y platique junto a Virgilio. Nunca me arrepentiré de haberme detenido en dicho accidente, la cosa no se veía grave, pues él estaba consciente, pero su pierna estaba rajada como cuando mi abuelo con el cuchillo abría un plátano para sacarle la cascara. La gente sí que es terrible cuando ocurrió el accidente no pasaron ni 10 minutos cuando la gente comenzó a rodear al pobre Virgilio. Gracias a Dios que yo estaba allí.

– ¡Aquí NO SE HA MUERTO NADIE! ¡Así que SE ME VAN MOVIENDO, despejen el área que si se siguen amontonando el pobre Virgilio se muere, pero no del accidente, SE  MUERE AFIXIADO POR USTEDES CHORRO DE GENTE!

Una señora muy caritativa, vivía al lado de la iglesia y corriendo a la capilla fue en busca del padre.

– ¿A quién es que hay que rezarle “Dios te salve Maria” y  “el Padre Nuestro”? Pues me han informado que uno de los hijos de Dios ha muerto atropellado.

– ¡Pamplinas Padre! ¡Es que  la gente está loca! ¿Cómo se atreven a matar alguien que solamente se choco por accidente? … y por menso también.

Vuelvo y repito la gente está loca la vieja caritativa al ver que Virgilio aun vivía, fue a su casa y le trajo al pobre un vaso con agua. Que dolor de cabeza estaba yo pasando, ni se diga acerca de Virgilio, pues este hombre se estaba desangrando.

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