Camisa de enredos

Camisa de Enredos

una camisa

Una mañana del mes de mayo súbitamente me desperté con su recuerdo, era él, el chico de mis sueños. Había ya pasado más de cinco en años desde la primera vez que lo vi. Yo me he mantenido al margen de este asunto, pues tú sabes, el de las relaciones amorosas, pues no me ha ido muy bien que digamos, desde mi última decepción con Carlos. Me resigne a quedarme sola, sin nadie, para mi ya todo esto era cosa del destino. No quiero ni acordarme de la última pelea que tuvimos, yo lo visitaba a su apartamento, pues nuestra relación con el tiempo se volvió mas intima, pero una noche pasada las doce decidí sorprenderlo con un regalito. Cuando ya estoy frente a su puerta, pude darme cuenta que estaba abierta, yo estaba muy entusiasmada porque de seguro lo iba a sorprender, pero ¡que sorpresa la mía!

Amor…amorcito. – mientras caminaba adentradote a la sala a la distancia música jazz se escuchaba. Nada me parecía anormal, pues a Carlos y mi nos fascinaba la música Jazz. El siempre me decía que cuando no estaba cerca de mi solía prender el radio para escuchar jazz y así acordarse de nuestros momentos mágicos. Camine junto al mueble, me quite mi abrigo favorito color naranja y lo puse encima del sofá, estaba lista para llegar a donde el estaba.

Carlos, mi amor, ¡amor!- No estaba en la sala, aunque el radio estaba prendido, él no estaba allí. Lo busque también en la cocina, pero solo unos platos sucios tenia en su fregadero. Cerca de la cocina estaba la puerta que daba para la terraza, decidí entrar. Solo se escuchaba el sonido de la fuente y el agua de jacuzzi que como cascada llenaba la piscina. Como no lo encontré, ni en la sala, la cocina ni en su terraza, pensé:

Tal vez salio de repente, no se, a comprar algo y regresa rápido. Lo sorprenderé en su habitación además es el lugar perfecto para el regalito que le tengo.- Ya no aguantaba mas, estaba loca por verlo, es mas, estaba demasiado desesperada, mi cuerpo lo anhelaba cerca. Entre por la cocina, camine hacia la sala y no lo pensé dos veces, me dirigí a la recamara, nuestro nido de amor, así era como Carlos le llamaba. Cuando voy camino por el pasillo ya la música jazz desvanecía y solo se escuchaba:

¡Oh, ah, ahh, vamos, tu puedes Carlos! Mi amor, Carlos, más fuerte, hazme tuya como siempre lo has hecho.

¡Quieres, sentir el devorador! , ¡Pues ahí va mi reina, ahí va!

¡Ah,AAAAH! Mmmmm, – No sabia que hacer, no lo podía creer. ¿Qué es esto? ¿Cómo es posible que esto me este pasado a mi? No sabia si abrir la puerta y hacerle frente a la situación, el muy desgraciado me estaba pegado los cuernos. Yo que lo amaba tanto, mas que nada en el mundo. A Carlos le entregue mi ser, mi todo, mi virginidad, demonios ¿Qué hago? Solo sentía dentro de mí una rabia y odio más grande que el mismo universo. Me deje segar tanto que lo único que me repetía a mi misma era:

Si no eres mió Carlos, no serás de nadie.- Carlos era agente de la policia nacional y tenia diferentes licencias para las pistolas que poseía. El siempre me había dicho que si algo llegaba a pasar, que debajo de uno de los adoquines de la terraza iba a estar una nueve milímetro. Yo no sabía usar un arma, pero Carlos me había enseñado. Corrí como loca a buscar la pistola, la cargué con las balas que Carlos la había guardado. No pude mas, abrí la puerta y grite:

¡Maldita perra de bajas de mi Carlos, ahora!- La tenia en la mira un paso en falso y le volaba una de las tetas de silicón que tenia la muy desgraciada.

¡Oh dios mió! Por favor no me hagas daño.

¡Canto de cabrona bellaca, te dije que te bajes de mi Carlos ahora!

Ana, mi amor por favor suelta el arma.

Mi amor, a quien le dices ahora mi amor. Lo que eres es un desgraciado, ¡Maldito yo que siempre te he amado!

Mi Ana, yo también te amo, pero por favor baja el arma.

¡Maldita desgraciada!

No sabia, por favor el me dijo que era soltero.

¡Mentira! ¡Mentira perra! Tu me lo quieres quitar, pero el es mió.

Ana, amor suelta el arma, yo soy solo tuyo.

¡Ah, si! Si tanto me dices que eres mió que hacías con los huevos metido en la choca de esta puta, ¡Ah! ¿Puedes explicármelo? Dime algo por favor para no cometer una locura.

Esto no es lo que parece, Ana por favor tienes que creerme.

¡Mentira! ¡Mentira! Todo lo que siempre me dijiste era una mentira tras otra mentira. Ahora entiendo tantos, viajes, ahora entiendo lo mucho que tenias que trabajar. ¡Y tú cállate! ¡Ya no soporto escuchar tu ridículo llanto, maldita! – Créeme lo intente, intente controlarme, pero no pude. Apreté mas fuerte el arma apunte los globos de la mujerzuela y bum, bum, se los explote.

¡Que has hecho Ana! ¡Estás loca! ¡Loca! ¡Suelta la maldita arma, ahora!

Mi amor, tu sabes que ella nos separaba, ¡Dime que me amas desgraciado! ¡Dime que me amas o te vuelo los huevos!

¡Te amo, Ana! ¡te amo, pero suelta el arma, por Dios!

¡Mentira, maldito! ¡Una mentira tras otra mentira!- Ya no, sus palabras eran como el viento que pasaba. Solo la escena de la mujerzuela, sus huevos al descubierto, dejaron claro a mí entender lo falso y embustero que era Carlos. Si que lo pensé, su poderosa arma sexual que tanto placer me había brindado tenia que desaparecer, pues me había fallado, además que el no era el único hombre con huevos en la tierra. ¡Bum, bum, bum! Tres tiros le pegue, uno en cada bola y otro en la frente y callo al suelo, estaba muerto. El muy desgraciado estaba muerto, mis manos comenzaron a temblar, las lágrimas de mis ojos no se agotaban. Estaba ahora en una encrucijada con el arma en mis manos. No había escapatoria estaba perdiendo la cabeza envuelta en llanto y miedo aun con el arma en mano, corrí hacia él:

Amor, perdóname, perdóname, pero fue tu culpa tu culpa.- Le bese en la boca y decidí escapar y salvar mi libertad y la de nuestro hijo. ¿No ve? Mire esa es nuestra hija, por favor suélteme para poder abrazarla, ella me necesita.

Ana…tu hija murió ella es solo una muñeca, ¿Ves? Es solo una muñeca.

¡Mentira, Suéltala mentiroso! ¡Por favor alguien ayúdenme, suéltenme, necesito ayuda, por favor libérenme de este cuarto! ¡Auxilio! ¡Ayúdenme, este maldito tiene a mi Hija!

¡Traigan un tranquilizante de inmediato!

Si Doctor enseguida la inyectamos.

Llévenla al cuarto de reposo y no le quiten la camisa de fuerza, puede llegar a ponerse muy agresiva.

¿Y su muñeca doctor? ¿Qué hacemos con ella?

Llévala con ella a la habitación, Ana no ha podido salir del recuerdo en vida de su hija.

¡Doctor, por favor dígame que mi hija saldrá de esto!

Honestamente me temo que no creo que llegue a recordar la verdad nunca. La nefasta muerte del amor de su vida y la súbita muerte de su hija han atrofiado su cerebro, Ana está en trauma. Lo siento Sra. Cruz, solo un milagro le devolverá a su hija.

2 Respuestas a “Camisa de enredos

  1. Hola, si haces audiciones para esta historia, me apunto, jajaja, me he reído con tus ocurrencias. Muy bueno, y medio weird, jajaja, me encantó.

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